Ser abogado es algo que a muchas personas atrae. En algunos casos porque consideran que el derecho da dinero y en otros, porque la justicia debería ser para todos. Sea cual sea la razón que te anima a convertirte en un profesional de la justicia, te vamos a contar lo que tienes que hacer para ser letrado y las cualidades que un buen abogado tiene que tener.
La carrera de Derecho es una opción formativa interesante y necesaria para poder ejercer como abogado, una profesión con mucha demanda en la actualidad. Ser un buen abogado es la meta de todos aquellos que quieren hacer cumplir la ley establecida y que se haga justicia. Sin embargo, no es tan sencillo; requiere tiempo, dedicación y estudio. La carrera de Derecho es una de las que mayor salida profesional tiene. Dedicarse al derecho y ejercer de abogado implica acceder a diversas opciones laborales tanto en instituciones como en empresas, dentro del sector privado y el público, a nivel nacional e internacional. Razones por las que los abogados son perfiles con gran demanda en la sociedad. Además de que todos, en algún momento de la vida, pasamos por la necesidad de recurrir a un abogado.
Cursar un grado en Derecho proporciona la oportunidad de aprender y adquirir todos los conocimientos y habilidades que se necesitan para ser un buen abogado. Una vez el estudiante se gradúa, hay que hacerse con el título habilitante, con el que se puede ejercer de abogado. Para obtenerlo, hay que cursar un máster de acceso a la abogacía con el que se podrá ejercer la profesión.
Estudiar derecho implica asimilar una gran carga teórica entre leyes, leyes y más leyes. Por lo que se torna difícil en lo relativo a la capacidad necesaria para poder asimilar conceptos y recordarlos al pie de la letra. Gracias a la parte práctica de la carrera, resulta más sencillo apoyar la teoría y recordarla para los exámenes y, por supuesto, el futuro como letrado.
Estudiar para aprender
Acceder al grado de Derecho de una universidad requiere haber cursado los estudios previos necesarios y aprobar la correspondiente prueba de acceso a la universidad. Aunque lo cierto es que no es suficiente con aprobar, es necesario sacar la nota de corte que permite acceder al grado. Una vez se finalizan los estudios universitarios correspondientes, se puede optar por opositar para el Cuerpo de Abogados del Estado, realizando unas oposiciones de lo más exigentes, o abrir tu propio despacho, como es el caso de nuestras amigas de Duran & Enguita, abogadas penalistas con un servicio jurídico cercano y riguroso.
Estudiar Derecho, como venimos diciendo, ofrece varias salidas profesionales. Existen numerosas ramas de la abogacía, tanto si se opta por el Derecho Público como por el Privado. En el primero se encuentran las ramas que regulan la actividad del Estado y las relaciones del mismo con la ciudadanía. En el derecho privado se abordan los derechos y obligaciones de los ciudadanos.
A lo largo del grado en Derecho se abordan las diferentes ramas jurídicas que cada estudiante tiene que conocer para poder ejercer la profesión como es debido. Encontramos derecho civil, derecho administrativo, derecho penal, derecho mercantil, derecho fiscal, derecho comunitario o internacional, etc. Por lo que durante la carrera se adquieren los conocimientos básicos de cada una de las ramas de la carrera, permitiendo que el alumno conozca la legislación y el funcionamiento del sistema judicial, al mismo tiempo que se forma una idea del funcionamiento del país en este aspecto, familiarizándose con las posibles resoluciones en situación de conflicto. Se aprende a redactar y argumentar la exposición jurídica y se adquieren las competencias básicas fundamentales para poder ejercer la abogacía.
Mientras se cursa la carrera, conviene pensar y decidir cuál es la especialidad con la que uno se identifica y en la que se considera que se puede aportar lo mejor de uno mismo. En los últimos cursos del grado, hay que decantarse por una rama del derecho con la que más cómodo se sienta el estudiante e ir eligiendo las asignaturas optativas que más capten la atención. De manera que el estudio sea más llevadero.
El primer paso para acercarse al perfil adecuado como jurista es este, aunque tras obtener la titulación correspondiente se puede avanzar y dar un salto realizando un máster de especialización en esa rama del derecho que más motiva.
Aunque, como dicen los abogados con mayor trayectoria en su carrera, estudiar es muy importante, también es necesario reunir una serie de habilidades de las que vamos a hablar a continuación.
Lo que no se aprende en los libros
Dentro del ámbito jurídico, el éxito de un abogado no depende exclusivamente de su amplio conocimiento legal y de leyes. Existe una serie de competencias que se consideran esenciales a la hora de ejercer la profesión de forma eficaz. Dentro de un entorno cada vez más competitivo y globalizado, los abogados tienen que adquirir y desarrollar habilidades que van más allá de la interpretación de la norma.
La comunicación verbal y escrita de un abogado es crucial. Tener la capacidad de comunicarse de forma efectiva es fundamental para cualquier abogado. Esta habilidad incluye la capacidad de redactar documentos legales claros y concisos y la de presentar un argumento oral persuasivo en el tribunal. Una comunicación eficaz hace posible que los abogados puedan representar a sus clientes de forma competente y negociar los acuerdos necesarios, así como garantizar que los argumentos se comprendan y consideren.
Un buen abogado tiene que saber trabajar en equipo. Es raro que se trate de una práctica solitaria, puesto que el derecho implica colaborar con otros profesionales, tanto del sector como de otras áreas. Los abogados trabajan en equipo con frecuencia, tanto dentro de su bufete o despacho como colaborando con otros profesionales. La capacidad de trabajar en equipo resulta fundamental a la hora de gestionar casos de mayor complejidad, compartir conocimientos y experiencia y desarrollar estrategias legales.
No puede faltar la empatía dentro de las habilidades de un abogado. Esta cualidad les permite entender mejor las necesidades y preocupaciones que sufren sus clientes. Cuando un abogado es empático, se establece una relación de confianza, esencial para representar de forma efectiva a sus clientes y poder proporcionar apoyo durante el proceso.
Un buen abogado no es un buen abogado si no tiene ética profesional. Esto es un pilar dentro de la práctica jurídica. Un abogado tiene que actuar siempre de forma íntegra, con honestidad y respeto hacia la norma deontológica de la profesión. Aquí podemos señalar que la ética profesional protege la reputación del abogado y garantiza la confianza de las personas en el sistema judicial.
Por supuesto que un buen abogado debe tener buena capacidad de análisis. El derecho requiere que la mente del abogado sea analítica y capaz de desglosar la información más compleja y multifacética. Los abogados tienen que tener la capacidad de analizar leyes, precedentes y hechos de forma crítica para poder construir un argumento sólido.
Tener iniciativa es otra habilidad necesaria para ser un buen abogado. Esta capacidad de tomar acción proactiva en lugar de esperar a que las circunstancias dicten el camino implica anticipar problemas, buscar la oportunidad de mejora y estar por delante de la planificación de la estrategia legal. Un abogado que tiene iniciativa demuestra capacidad de liderazgo y determinación.
Así mismo, es necesario disponer de una buena capacidad de negociación. Habilidad clave a la hora de resolver conflictos y alcanzar acuerdos favorables. Un buen abogado tiene que ser capaz de negociar con habilidad y defender los intereses de sus clientes mientras busca la solución consensuada. En resumen, esta capacidad implica que los abogados se comuniquen asertivamente, escuchando de forma activa y encontrando puntos en común.
La capacidad de planificar y organizar el tiempo y los recursos es fundamental para cualquier abogado. Tener la capacidad necesaria para manejar varios casos al mismo tiempo, cumplir con los plazos y coordinarse con otros profesionales requiere una organización estricta y meticulosa, con la que, además, se minimizan los errores y se garantiza que se lleven a cabo las tareas como es debido.
Dominar las nuevas tecnologías es otra de las habilidades indispensables de un abogado. El avance de la tecnología ha supuesto un cambio en el ámbito de la abogacía, por lo que el profesional tiene que familiarizarse con la tecnología jurídica, que abarca desde la gestión de documentos electrónicos hasta el uso de las bases de datos jurídicas y plataformas de comunicación. Dominar estas tecnologías proporciona mayor eficiencia y facilita el acceso a la información, además de permitir una mayor optimización del tiempo.
Por si todo esto no fuera suficiente, un buen abogado tiene que ser capaz de mantenerse constantemente actualizado. El derecho es una disciplina que se encuentra siempre en continua evolución, por lo que los abogados tienen que mantenerse actualizados sobre leyes, jurisprudencia y tendencias legales. La formación continua, participar en seminarios y realizar cursos de actualización es esencial para mantener la competitividad y relevancia dentro del ámbito judicial.
Hasta aquí las habilidades que debe poseer un buen abogado. Junto a una buena formación, habilidad y profesionalidad, hacen de los letrados buenos profesionales.



