Arquitectura y salud: el diseño del bienestar

La arquitectura es la disciplina encargada de moldear el entorno habitable del ser humano. Sin embargo, en las últimas décadas, su función ha evolucionado más allá de la estética o la resistencia estructural. Actualmente, el concepto de Arquitectura Saludable o Diseño Bio-saludable cobra fuerza a partir de que pasamos aproximadamente el 90% de nuestra vida dentro de algún tipo d edificación. Ya sea el hogar, la oficina, la escuela o el hospital, la calidad del entorno construido impacta directamente en el sistema inmunológico, los niveles de estrés, la calidad del sueño y la longevidad.

 

Fundamentos históricos y la urgencia moderna

Aunque el término de arquitectura saludable es relativamente moderno, la conciencia sobre el impacto del entorno construido en el bienestar tiene raíces históricas profundas. En el siglo XIX, figuras como Florence Nightingale destacaron la importancia de la luz natural, la ventilación y la higiene en la curación de pacientes, sentando las bases del diseño hospitalario moderno. Allí se entendía que la salubridad del espacio era un componente crítico del tratamiento.

Luego, durante décadas de construcción masiva e industrialización, posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el uso de materiales sintéticos, el aislamiento excesivo y la dependencia de la ventilación artificial generaron un fenómeno conocido como el «Síndrome del Edificio Enfermo» (SEE). Este término describe la situación que atraviesan los individuos al pasar su tiempo dentro de las edificaciones, viendo afectada su salud y estado emocional. La irritación de ojos, garganta y nariz, la fatiga mental y los dolores de cabeza se hicieron comunes, evidenciando que la búsqueda de la máxima eficiencia energética a menudo comprometía la salud humana.

 

Calidad del aire interior (CAI)

Paradójicamente, el aire en el interior de los edificios puede estar entre dos y cinco veces más contaminado que el aire exterior, lo que representa uno de los riesgos ambientales más significativos para la salud pública en entornos urbanos.

Compuestos orgánicos volátiles (COVs) y tóxicos

La principal fuente de contaminación interior son los Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs). Estos son gases que se desprenden de miles de productos de uso diario y materiales de construcción, un fenómeno conocido como «off-gassing». Los COVs incluyen sustancias como el formaldehído (presente en adhesivos de tableros de madera, moquetas y algunos aislamientos), el benceno o el tolueno. La exposición crónica a estos químicos, incluso en bajas concentraciones, puede provocar desde irritaciones respiratorias y alergias hasta efectos más graves en el sistema nervioso central y potencial carcinógeno.

La arquitectura saludable exige la selección de materiales de bajo impacto y la erradicación de productos que contengan tóxicos conocidos:

  1. Acabados y pinturas: uso de pinturas y barnices naturales, a base de cal, arcilla o con el sello de baja o nula emisión de COVs. Se priorizan los materiales que han pasado por procesos de curación completos antes de su instalación.
  2. Mobiliario y adhesivos: evitar el uso de tableros aglomerados con formaldehído. La recomendación es elegir madera natural, bambú o materiales reciclados con certificación de pureza.

Ventilación y gestión de contaminantes

La adopción de estrategias preventivas exhaustivas en la fase de diseño es la única manera de garantizar un entorno libre de contaminantes químicos. Según explican en Bonba Studio, la implementación de medidas preventivas es un paso indispensable, pues la elección de materiales y la planificación de los flujos de aire deben ser considerados desde la fase inicial del proyecto.

Por ejemplo, para climas fríos, se suelen recomendar los sistemas de Ventilación Mecánica Controlada (VMC), con los cuales se puede recuperar el calor del aire extraído y filtrar el aire nuevo, asegurando una renovación constante sin necesidad de abrir las ventanas y perder energía.

 

El diseño biofílico y la salud mental

La teoría de la biofilia, popularizada por el biólogo Edward O. Wilson, postula que los humanos poseemos una tendencia innata a buscar la conexión con la naturaleza y otras formas de vida. La arquitectura saludable traduce esta necesidad biológica en el Diseño biofílico, que incorpora elementos naturales, patrones y procesos al entorno construido para restaurar el bienestar psicológico y físico.

La neurociencia y la psicología ambiental demuestran el poder terapéutico de la biofilia a partir de:

  1. Reducción del estrés: la exposición a vistas naturales o elementos acuáticos reduce significativamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y modula la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
  2. Mejora cognitiva: según la Teoría de la Restauración de la Atención (ART), la contemplación de entornos naturales permite que la atención se recupere. Esto se traduce en una mejora en la concentración, la memoria y la productividad.

El diseño biofílico se aplica a través de patrones que incluyen la presencia de agua, la incorporación de jardines interiores o verticales, el uso de materiales naturales sin procesar (madera, piedra) y la replicación de patrones naturales, como el fractal. La Revista Granted explica que integrar espacios naturales y proporcionar refugios interiores, fomenta la tranquilidad y esto impacta directamente en la salud mental.

 

La arquitectura al ritmo del cuerpo: luz y cronobiología

El ritmo circadiano se basa en los ciclos naturales de 24 horas y regulan el sueño, la vigilia, la temperatura corporal y la producción hormonal. Un diseño arquitectónico que no contemple los ciclos de luz natural, puede provocar desajustes circadianos tales como:

  • Trastornos del sueño: el cuerpo no produce melatonina (la hormona del sueño) correctamente si está expuesto a luz azul intensa por la noche.
  • Aumento de la fatiga: la falta de luz solar matutina inhibe la liberación de cortisol, dificultando el despertar y la concentración.
  • Depresión y bajo rendimiento: la deficiencia de luz se ha relacionado con el Trastorno Afectivo Estacional (TAE) y la baja productividad laboral.

La Arquitectura Saludable utiliza la luz como herramienta terapéutica, implementando la Iluminación Centrada en el Ser Humano (HCL):

  1. Orientación y aperturas: se maximizan las fachadas y las ventanas en función de captar la mayor cantidad de luz solar durante el día, utilizando cristales de alta transmitancia y sistemas de sombreado pasivo (voladizos, lamas) para evitar el sobrecalentamiento.
  2. Iluminación dinámica: en espacios donde la luz natural es escasa, se emplean sistemas de luz artificial que imitan el ciclo solar. Estos sistemas cambian automáticamente la intensidad y la temperatura del color para apoyar la producción hormonal y mantener la alerta o promover el descanso.
  3. Vistas al exterior: asegurar vistas significativas y despejadas hacia el exterior proporciona la información visual necesaria para calibrar el reloj biológico.

 

Confort sensorial avanzado: acústica y experiencia háptica

La arquitectura saludable aborda el entorno sensorial de forma integral, lo que vemos y respiramos debe ser acompañado por lo que oímos y sentimos al tacto.

Confort acústico y zonificación

La contaminación acústica es uno de los mayores factores de estrés en la vida urbana. El ruido crónico, incluso a bajos decibelios, puede elevar la presión arterial, interferir con el sueño profundo (fase REM) y reducir la tolerancia a la frustración.

Las estrategias arquitectónicas para el confort acústico se dividen en dos ejes:

  1. Aislamiento: uso de materiales de alta masa (hormigón, ladrillo) y sistemas de doble pared con cámaras de aire para evitar la transmisión del ruido aéreo y de impacto entre estancias.
  2. Absorción: implementación de materiales porosos (paneles acústicos, moquetas, mobiliario tapizado) en el interior de los espacios para reducir el tiempo de reverberación, creando ambientes de conversación más claros y menos fatigantes.

Confort térmico y háptico

El confort térmico no se limita a alcanzar una temperatura específica, sino a gestionar la interacción del cuerpo con el entorno. La arquitectura que favorece la salud utiliza:

  • Inercia térmica: materiales pesados que almacenan calor o frío y lo liberan lentamente, suavizando las fluctuaciones de temperatura y reduciendo la dependencia de sistemas de climatización agresivos.
  • Materiales de contacto: la selección de materiales con una experiencia háptica agradable (táctil) es importante. Maderas con textura, suelos de corcho o piedra pulida natural pueden influir en la percepción de calidez y bienestar del espacio.

 

El rol de las certificaciones: midiendo la salud del edificio

Para estandarizar y verificar los complejos criterios de la Arquitectura Saludable, han surgido certificaciones internacionales que auditan el rendimiento de los edificios con un enfoque en el bienestar humano. La más reconocida globalmente es la Certificación WELL Building Standard, un sistema basado en la evidencia científica. Este mide, monitoriza y certifica el rendimiento de los edificios en relación con la salud de sus ocupantes. Se estructura en diez conceptos fundamentales:

  1. Aire: calidad del aire interior, ventilación y filtración de contaminantes.
  2. Agua: calidad, disponibilidad y gestión del agua.
  3. Nutrición: promoción de la alimentación saludable (más relevante en oficinas y escuelas).
  4. Iluminación: diseño que promueva los ritmos circadianos y la agudeza visual.
  5. Movimiento: fomento de la actividad física y el diseño activo (escaleras atractivas, espacios de fitness).
  6. Confort térmico: gestión de la temperatura, la humedad y el flujo de aire.
  7. Sonido: reducción de la contaminación acústica y control del ruido reverberante.
  8. Materiales: selección de productos seguros, libres de tóxicos y con transparencia en la cadena de suministro.
  9. Mente: elementos que promueven la salud mental, el diseño biofílico y la resiliencia psicológica.
  10. Comunidad: fomento de la inclusión, la accesibilidad y el bienestar social.

La obtención de estas certificaciones, según detallan desde Econova Institute implica la monitorización continua de parámetros ambientales, que garanticen un rendimiento real y medible para el beneficio de los ocupantes.

 

El valor del bienestar como inversión

La Arquitectura Saludable mejora del sueño, reduce los síntomas de alergias y aumenta la sensación general de bienestar. Al integrar los principios de biofilia, cronobiología y selección rigurosa de materiales, el diseño arquitectónico moderno asume su responsabilidad total con el ser humano.

 

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